Situacion e Historia

Cuando los conquistadores españoles llegaron a Tenerife, la isla estaba dividida en nueve pequeños reinos o menceyatos; cada uno al mando de un monarca o mencey, a quien asesoraba una asamblea de ancianos.

Los guanches -moradores prehispánicos de Tenerife- vestían toscamente con pieles y todo apunta a que ignoraban el arte de la navegación. Sin embargo, enterraban cuidadosamente a sus muertos, momificándolos, con técnicas muy eficaces, en algunos casos, y tenían un gusto especial por los adornos. Trabajaban el barro -aunque desconocían el torno- y sus lanzas (añepas) acababan en afiladas puntas naturales de piedra volcánica.

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Tenerife es la última isla que se conquista, ya para los Reyes Católicos. La lucha es, aquí, sangrienta y los españoles, mandados por el adelantado Alonso Fernández de Lugo sufren alguna que otra derrota espectacular, como la de La Matanza en 1494. Un año después, Fernández de Lugo regresa con un nuevo ejército y cambia la suerte en el campo de batalla. Algunos menceyes se alían con los invasores.

Otros, prefieren el suicidio antes que la capitulación, como Bentor.
Con la victoria sobre Bencomo, mencey de Taoro -lo que hoy se llama Valle de La Orotava- en 1496, finaliza la conquista de Tenerife y de Canarias.
Cuando los conquistadores españoles llegaron a Tenerife, la isla estaba dividida en nueve pequeños reinos o menceyatos; cada uno al mando de un monarca o mencey, a quien asesoraba una asamblea de ancianos.

Los guanches -moradores prehispánicos de Tenerife- vestían toscamente con pieles y todo apunta a que ignoraban el arte de la navegación. Sin embargo, enterraban cuidadosamente a sus muertos, momificándolos, con técnicas muy eficaces, en algunos casos, y tenían un gusto especial por los adornos. Trabajaban el barro -aunque desconocían el torno- y sus lanzas (añepas) acababan en afiladas puntas naturales de piedra volcánica.

Tenerife es la última isla que se conquista, ya para los Reyes Católicos. La lucha es, aquí, sangrienta y los españoles, mandados por el adelantado Alonso Fernández de Lugo sufren alguna que otra derrota espectacular, como la de La Matanza en 1494. Un año después, Fernández de Lugo regresa con un nuevo ejército y cambia la suerte en el campo de batalla. Algunos menceyes se alían con los invasores.

Otros, prefieren el suicidio antes que la capitulación, como Bentor.
Con la victoria sobre Bencomo, mencey de Taoro -lo que hoy se llama Valle de La Orotava- en 1496, finaliza la conquista de Tenerife y de Canarias.
Cuando los conquistadores españoles llegaron a Tenerife, la isla estaba dividida en nueve pequeños reinos o menceyatos; cada uno al mando de un monarca o mencey, a quien asesoraba una asamblea de ancianos.

Los guanches -moradores prehispánicos de Tenerife- vestían toscamente con pieles y todo apunta a que ignoraban el arte de la navegación. Sin embargo, enterraban cuidadosamente a sus muertos, momificándolos, con técnicas muy eficaces, en algunos casos, y tenían un gusto especial por los adornos. Trabajaban el barro -aunque desconocían el torno- y sus lanzas (añepas) acababan en afiladas puntas naturales de piedra volcánica.
Tenerife es la última isla que se conquista, ya para los Reyes Católicos. La lucha es, aquí, sangrienta y los españoles, mandados por el adelantado Alonso Fernández de Lugo sufren alguna que otra derrota espectacular, como la de La Matanza en 1494. Un año después, Fernández de Lugo regresa con un nuevo ejército y cambia la suerte en el campo de batalla. Algunos menceyes se alían con los invasores.

Otros, prefieren el suicidio antes que la capitulación, como Bentor.
Con la victoria sobre Bencomo, mencey de Taoro -lo que hoy se llama Valle de La Orotava- en 1496, finaliza la conquista de Tenerife y de Canarias.
Cuando los conquistadores españoles llegaron a Tenerife, la isla estaba dividida en nueve pequeños reinos o menceyatos; cada uno al mando de un monarca o mencey, a quien asesoraba una asamblea de ancianos.

Los guanches -moradores prehispánicos de Tenerife- vestían toscamente con pieles y todo apunta a que ignoraban el arte de la navegación. Sin embargo, enterraban cuidadosamente a sus muertos, momificándolos, con técnicas muy eficaces, en algunos casos, y tenían un gusto especial por los adornos. Trabajaban el barro -aunque desconocían el torno- y sus lanzas (añepas) acababan en afiladas puntas naturales de piedra volcánica.

Tenerife es la última isla que se conquista, ya para los Reyes Católicos. La lucha es, aquí, sangrienta y los españoles, mandados por el adelantado Alonso Fernández de Lugo sufren alguna que otra derrota espectacular, como la de La Matanza en 1494. Un año después, Fernández de Lugo regresa con un nuevo ejército y cambia la suerte en el campo de batalla. Algunos menceyes se alían con los invasores.

Otros, prefieren el suicidio antes que la capitulación, como Bentor.
Con la victoria sobre Bencomo, mencey de Taoro -lo que hoy se llama Valle de La Orotava- en 1496, finaliza la conquista de Tenerife y de Canarias.

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